Oda a la melancolía de John Keats No vayas al Leteo ni exprimas el morado acónito buscando su vino embriagador; no dejes que tu pálida frente sea besada por la noche, violácea uva de Proserpina. No hagas tu rosario con los frutos del tejo ni dejes que polilla o escarabajo sean tu alma plañidera, ni que el búho nocturno contemple los misterios de tu honda tristeza. Pues la sombra a la sombra regresa, somnolencia, y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu.
Pero cuando el acceso de atroz melancolía se cierna repentino, cual nube desde el cielo que cuida de las flores combadas por el sol y que la verde colina desdibuja en su lluvia, enjuga tu tristeza en una rosa temprana o en el salino arco iris de la ola marina o en la hermosura esférica de las peonías; o, si tu amada expresa el motivo de su enfado, toma firme su mano, deja que en tanto truene y contempla, constante, sus ojos sin igual.
Con la Belleza habita, Belleza que es mortal. También con la alegría, cuya mano en sus labios siempre esboza un adiós; y con el placer doliente que en tanto la abeja liba se torna veneno. Pues en el mismo templo del Placer, con su velo tiene su soberano numen Melancolía, aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa boca muerde la uva fatal de la alegría. Esa alma probará su tristísimo poder y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.
Valoración personal: Es un poema que, como su título nos dice, evoca la melancolía. También nos habla de la belleza, la naturaleza, los elementos de la naturaleza ... Es un gran poema, que te hace recordar que no todo en la vida es felicidad.
Me duele el corazón y aqueja un soñoliento torpor a mis sentidos, cual si hubiera bebido cicuta o apurado algún fuerte narcótico ahora mismo, y me hundiese en el Leteo: no porque sienta envidia de tu sino feliz, sino por excesiva ventura en tu ventura, tú que, Dríada alada de los árboles, en alguna maraña melodiosa de los verdes hayales y las sombras sin cuento, a plena voz le cantas al estío.
¡Oh! ¡Quién me diera un sorbo de vino, largo tiempo refrescado en la tierra profunda, sabiendo a Flora y a los campos verdes, a danza y canción provenzal y a soleada alegría! ¡Quién un vaso me diera del Sur cálido, colmado de hipocrás rosado y verdadero, con bullir en su borde de enlazadas burbujas y mi boca de púrpura teñida; beber y, sin ser visto, abandonar el mundo y perderme contigo en las sombras del bosque!
A lo lejos perderme, disiparme, olvidar lo que entre ramas no supiste nunca: la fatiga, la fiebre y el enojo de donde, uno a otro, los hombres, en su gemir, se escuchan, y sacude el temblor postreras canas tristes; donde la juventud, flaca y pálida, muere; donde, sólo al pensar, nos llenan la tristeza y esas desesperanzas con párpados de plomo; donde sus ojos claros no guarda la hermosura sin que, ya al otro día, los nuble un amor nuevo.
¡Perderme lejos, lejos! Pues volaré contigo, no en el carro de Baco y con sus leopardos, sino en las invisibles alas de la Poesía, aunque la mente obtusa vacile y se detenga. ¡Contigo ya! Tierna es la noche y tal vez en su trono esté la Luna Reina y, en torno, aquel enjambre de estrellas, de sus Hadas; pero aquí no hay más luces que las que exhala el cielo con sus brisas, por ramas sombrías y senderos serpenteantes, musgosos.
Entre sombras escucho; y si yo tantas veces casi me enamoré de la apacible Muerte y le di dulces nombres en versos pensativos, para que se llevara por los aires mi aliento tranquilo; más que nunca morir parece amable, extinguirse sin pena, a medianoche, en tanto tú derramas toda el alma en ese arrobamiento. Cantarías aún, mas ya no te oiría: para tu canto fúnebre sería tierra y hierba.
Pero tú no naciste para la muerte, ¡oh, pájaro inmortal! No habrá gentes hambrientas que te humillen; la voz que oigo esta noche pasajera, fue oída por el emperador, antaño, y por el rústico; tal vez el mismo canto llegó al corazón triste de Ruth, cuando, sintiendo nostalgia de su tierra, por las extrañas mieses se detuvo, llorando; el mismo que hechizara a menudo los mágicos ventanales, abiertos sobre espumas de mares azarosos, en tierras de hadas y de olvido.
¡De olvido! Esa palabra, como campana, dobla y me aleja de ti, hacia mis soledades. ¡Adiós! La fantasía no alucina tan bien como la fama reza, elfo de engaño. ¡Adiós, adiós! Doliente, ya tu himno se apaga más allá de esos prados, sobre el callado arroyo, por encima del monte, y luego se sepulta entre avenidas del vecino valle. ¿Era visión o sueño? Se fue ya aquella música. ¿Despierto? ¿Estoy dormido?
Valoración personal: Es un poema que refleja la tranquilidad de la naturaleza, habla del paso del tiempo, habla de una mujer. Como su título dice, habla de un ruiseñor, pájaro que se asocia con jardines tranquilos, propios de un locus amoenus.
Aquí os dejamos un vídeo de realización propia con un poema de Jaime Gil de Biedma, pido perdón por no poner música pero el programa que use no me leía el archivo.
Nació en París el 9 de abril de 1821.
Su padre, Joseph François Baudelaire, ex-seminarista, antiguo preceptor, fue
también profesor de dibujo,pintor y funcionario jefe del Despacho de la
Cámara de los Pares. Joseph le enseñó las primeras letras. Cuando nació
Charles, su padre tenía la edad de sesenta años, y un hijo, Claude Alphonse,
fruto de su primer matrimonio. Su madre fue Caroline Archimbaut-Dufays, quien
no llegaba a los treinta años al nacer Baudelaire. Era hija de emigrantes
franceses a Londres durante la revolución de 1793. Enseñó inglés a
su hijo.
Fue criado por la sirvienta de la familia. Se conoce muy
poco sobre ella, Mariette, pero se intuye que debió de tener gran peso en la
familia. Baudelaire la recuerda en un poema aparecido en Las flores del
mal.
En 1840 Baudelaire se matricula en la Facultad de
Derecho. Comienza a frecuentar a la juventud literaria del Barrio Latino y
conoce a nuevas amistades, como Gustave Levavasseur y Ernest Prarond. También
entabla amistad con Gérard de Nerval, con Sainte-Beuve, Théodore
de Banville y Balzac. Intima igualmente conLouis Ménard, poeta y
químico.
Comienza a llevar una vida despreocupada; los altercados con
la familia son constantes debido a su adicción a las drogas y al ambiente
bohemio. Frecuenta prostíbulos y mantiene relaciones con Sarah, una prostituta
judía del Barrio Latino. Charles la denomina La Louchette (la
bizca). Además de torcer la vista, era calva. Probablemente fue ella quien le
contagió la sífilis. Dentro de su obra capital, Las flores del mal,
Baudelaire se refiere a Sarah en un poema, probablemente escrito en el momento
en que dejó de verla asiduamente, reanudando sus relaciones con su otra amante,
Jeanne Duval.
La conducta de Baudelaire, que rechaza entrar en la carrera
diplomática, horroriza a su familia. Su padrastro, descontento con la vida
libertina que lleva, trata de distanciarlo de los ambientes bohemios de París.
En marzo de 1841 un consejo de familia lo envía a Burdeos para
que embarque con destino a los Mares del Sur, a bordo de un paquebote.
La travesía debía durar dieciocho meses y llevarlo hasta Calcuta, en
compañía de comerciantes y oficiales del Ejército. En este periodo escribe uno
de sus poemas más celebres "El Albatros". Pero llegando a la Isla
Mauricio, Baudelaire decide interrumpir su viaje y regresar a su país.
De regreso en Francia, se instaló de nuevo en la capital,
volviendo a sus antiguas costumbres desordenadas.
Empezó a frecuentar los círculos literarios y artísticos y
escandalizó a todo París por sus relaciones con la joven Jeanne Duval, la
hermosa mulata que le inspiraría algunas de sus más brillantes y controvertidas
poesías. Destacó pronto como crítico de arte: El Salón de 1845,
su primera obra, llamó ya la atención de sus contemporáneos, mientras que su
nuevo Salón, publicado un año después, llevó a la fama a Delacroix (pintor,
entonces todavía muy discutido) e impuso la moderna concepción estética de su
autor.
Salon de 1845 / El Salón de 1845 (1845)
Salon de 1846 / El Salón de 1846 (1846)
La Fanfarlo (1847)
Du vin et du haschisch (1851)
Fusées (1851)
L'Art romantique (1852) con publicación en 1869.
Morale du joujou (1853)
Exposition universelle (1855)
Les Fleurs du mal / Las flores del mal (1857)
Le Poème du haschich (1858)
Salon de 1859 / El Salón de 1859 (1859)
Les Paradis artificiels / Los paraísos
artificiales (1860)
La Chevelure (1861)
Réflexions sur quelques-uns de mes contemporains (1861)
Richard Wagner et Tannhäuser à Paris (1861)
Petits poèmes en prose o Le Spleen de Paris / Pequeños
poemas en prosa o Spleen de París (1862)
Le Peintre de la vie moderne / El Pintor de la
vida moderna (1863)
Nació en Finsbury Pavement, en
las afueras deLondres; su padre
era propietario de una caballeriza y murió de la caída de un caballo en 1803,
cuando el poeta tenía sólo siete años. Su madre volvió a casarse enseguida,
pero este segundo matrimonio fue infeliz y la madre no tardó en abandonar a su
marido y trasladarse a vivir en casa de la abuela de Keats en Enfield con
Keats, su hermana y otros tres hermanos, de los cuales uno no tardó en morir.
Allí el poeta fue a una buena escuela y antes de los quince años ya estaba
empapado de clásicos y traducía aVirgilio;
sin embargo, la madre murió en1810detuberculosis,
dejándoles a él y a sus hermanos al cuidado de su abuela.
Esta nombró dostutoresque pudieran cuidar a los huérfanos;
estos sacaron a Keats de su antigua escuela y lo convirtieron enaprendizde cirujanohasta1814, cuando, tras una pelea con sumaestro, abandonó ese puesto y se fue
a estudiar en otrohospitalde la zona. Durante aquel año, John
dedicó cada vez más y más tiempo al estudio de la literatura y, aunque se
graduó en Farmacia, sólo ejerció dos años, tras los cuales se entregó por
completo a la poesía.
La lectura de la obra deEdmund Spenser, concretamenteLa Reina de las Hadas, supuso
para Keats un punto de inflexión en su desarrollo literario e inspiró la
creación de su primer poema:A
imitación de Spenser. Enseguida conoció al poeta y editorLeigh Hunt, embarcado en la defensa
delRomanticismo; trabó amistad
con él y este lo introdujo en el selecto círculo de los más destacados poetas
de su época, comoPercy Bysshe
ShelleyyLord Byron, con los cuales amistó
también. Hunt publicó su "A imitación de Spenser" en1816en
su periódicoExaminer, así
como sus primeros sonetos, "Oh, soledad si pudiera morar contigo" y
"Al examinar por primera vez la traducción de Homero por Chapman",
inspirado en la lectura de laIlíaday laOdisea
traducidas porGeorge Chapmanen el siglo XVII. Un año después,
publicó sus primeros poemarios titulados simplementePoemas(1817). Esta primera colección no tuvo
buena acogida, sobre todo por su relación con el controvertido editor, quien
era además un crítico literario muy agrio y se había ganado enemigos poderosos
entre los poetas y escritores de su época.
En1817se
trasladó a laIsla de Wight,
donde empezó a trabajar en un nuevo libro. Poco después tuvo que encargarse de
cuidar a su hermano Tom, víctima de latuberculosis,
como su madre. Esta enfermedad supuso para el poeta casi una maldición bíblica,
pues habría de diezmar a su familia y terminar con su propia vida. Tras
finalizar su poema épicoEndymion,
Keats inició un viaje porEscociaeIrlandaen compañía de su amigoCharles Brown, y durante este viaje él
también empezó a mostrar signos de infección, por lo que tuvo que volver
prematuramente. A su regreso, se encontró con que Tom había empeorado
considerablemente; al fin, murió en1818.
Al pesar por la muerte de su hermano se unió el hecho de que lacríticahabía recibido con hostilidad suEndymion, al igual que había
hecho antes con susPoemas.
Keats decidió entonces volver a trasladarse, esta vez a vivir en la casa
londinense de su amigo Brown. Allí conoció a Fanny Brawne, quien había estado
viviendo en la casa de Brown con su madre, y, al poco, se enamoró de ella. La
publicación póstuma de la correspondencia entre ambos escandalizó a la sociedadvictoriana.
Entre tanto, durante la primavera
y el verano de1819Keats escribía sus mejores poemas:
"Oda a Psique", "Oda a una urna griega" y "Oda a un
ruiseñor", piezas clásicas de la literatura inglesa, que aparecieron en el
tercero y mejor de sus libros,Lamia,
Isabella, la víspera de santa Inés y otros poemas(1820). El primero es untributoa una diosa que, aparentemente, no
tuvo un gran culto en laGrecia
Antigua; Keats promete aPsiqueconstruirle unsantuario. En el segundo, "Oda a
una urna griega", intenta hablar con una urna que descubre en unmuseo, sorprendido por el misterio
suspendido en la eternidad de lo que revela; la urna le responde con las
palabras siguientes «la belleza es la verdad, la verdad es belleza, esto es
todo... lo que necesitas saber». En "Oda a un ruiseñor", el yo
lírico se eleva entre losárboles,
con las alas de la palabra poética, para reunirse con elruiseñorque allí canta; eso le sirve para
comparar la naturaleza eterna y transcendental de los ideales con la fugacidad
del mundo físico: el poeta, que se siente morir, ansía esa eternidad.
Al año siguiente, su relación con
Fanny tuvo que concluir cuando latuberculosisde Keats se agravó sensiblemente. Losmédicosle aconsejaron que se alejase del frío
clima londinense y marchase a la soleadaItalia;
Keats marchó aRomacon su amigo el pintorJoseph Severn, invitado por otro
amigo,Percy Bysshe Shelley.
Durante un año su enfermedad pareció mejorar, pero al cabo su salud volvió a
quebrantarse y murió a principios del año siguiente, el23 de febrerode1821.
En honor a su amigo, Shelley escribió su poemaAdonaïs. El cuerpo de Keats
está enterrado en elcementerio
protestante de Roma; sobre sulápida,
según quería que fuera su epitafio, se lee «Aquí yace alguien cuyo nombre
fue escrito en el agua».Existe
un retrato de Keats pintado porWilliam
Hilton.
Obra
·Sobre la primera vez que vi el Homero de
Chapman(1816)
Al olmo viejo,
hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Valoración personal: Es un poema con un gran sentimiento y uno de los más importantes y conocidos del Modernismo de Antonio Machado, es un poema que te hace pensar en el futuro y en las ilusiones que debes tener en la juventud para no arrepentirte luego.